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| A mis
Lectores No con mi blanda lira Serán en ayes tristes Lloradas ls fortunas De reyes infelices; Ni el grito del soldado, Feroz en crudas lides; o el trueno con que arroja La bala elo bronce horrible. Yo tiemblo y me estremezco; Que el numen no permite A el labio temeroso Canciones tan sublimes. Muchacho soy y quiero Decir más apacibles Querellas; y gozarme Con danzas y convites. En ellos coronado De rosas y alelíes, Entre rias y versos Menudeo los brindis. En coros las muchachas Se juntan por oírme; Y al punto mis cantares Con nuevo ardor repiten. Pues baco y el de Venus Me dieron, que felice Celebre en dulces himnos Sus glorias y festines. Soneto I |
Odas Anacreonticas Oda VI A Dorila ¡Cómo se van las horas, Y tras ellas los días, Y los floridos años De nuestra frágil vida! La vejez luego viene Del amor enemiga, Y entre fúnebres sombras La muerte se avecina: Que escuálida y temblando, Fea, informe, amarilla, Nos aterra, y apaga Nuestros fuegos y dichas. El cuerpo se entorpece, Los ayes nos fatigan, Nos huyen los placeres, Y deja la alegría. Si esto, pues, nos aguarda, ¿Para que, mi Dorila, Son los floridos años De nuestra frágil vida? Para juegos y bailes, Y cantares y risas Nos los dieron los cielos, Las gracias los destinan. Ven, ¡ay! ¿Qué te detienes? Ven, ven, paloma mía, Debajo de estas parras, Do lene el viento aspira, Y entre brindis suaves Y mimosas delicias, De la niñez gocemos, Pues vuela tan aprisa. Oda XVIII Las zagalas e dicen: ¿Cómo siendo tan niño, Tanto, Batilo, cantas De amores y de vino? Yo voy a responderles; Mas luego de improviso Me vienen nuevos versos De Baco y de Cupido. Porque las dos deidades, Sin poder resistirlo, Todo mi pecho, todo Tienen ya poseído. Soneto XI |
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