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| A la memoria de Don Juan Melendez Valdes Ninfas, la lira es esta que algún día pulso Batilo en la ribera umbrosa del Tormes, cuya voz armoniosa el curso de las ondas detenía Quede pendiente en esta selva fría del lauro mismo que la cipria diosa mil veces desnudó, cuando amorosa la docta frente a su cantor ceñía. Intacta y muda entre la pompa verde ( solo en sus fibras resonando el viento) el claro nombre de su dueño acuerde; ya que la patria, en el común lamento, feroz ignora la opinión que pierde, negando a sus cenizas monumento. |
Rodrigo Cesa en la octava noche el ronco estruendo de la sangrienta militar porfía: el campo godo destrozado ardía con llama que descubre estrago horrendo. Rodrigo en tanto, su peligro viendo, por ignorada senda se desvía, y muerto Oreliol, entre la sombra fría, herido y débil se acelera huyendo. En vano el Lete con roudal undoso el papo estorba al príncipe, a quien ciega de cadena o suplicio el justo espanto. Surca las aguas. Cede al poderoso ímpeto, expira el infeliz, y entrega el cuerpo al fondo, a la corriente el manto. |
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