A la memoria de Don Juan Melendez Valdes  Ninfas

Leandro Fernandez de Moratin

A la memoria de Don Juan Melendez Valdes

Ninfas, la lira es esta que algún día
pulso Batilo en la ribera umbrosa
del Tormes, cuya voz armoniosa
el curso de las ondas detenía 

Quede pendiente en esta selva fría
del lauro mismo que la cipria diosa
mil veces desnudó, cuando amorosa
la docta frente a su cantor ceñía.

Intacta y muda entre la pompa verde
( solo en sus fibras resonando el viento)
el claro nombre de su dueño acuerde;

ya que la patria, en el común lamento,
feroz ignora la opinión que pierde,
negando a sus cenizas monumento.
Rodrigo

Cesa en la octava noche el ronco estruendo
de la sangrienta militar porfía:
el campo godo destrozado ardía
con llama que descubre estrago horrendo.

Rodrigo en tanto, su peligro viendo,
por ignorada senda se desvía,
y muerto Oreliol, entre la sombra fría,
herido y débil se acelera huyendo.

En vano el Lete con roudal undoso
el papo estorba al príncipe, a quien ciega
de cadena o suplicio el justo espanto.

Surca las aguas. Cede al poderoso
ímpeto, expira el infeliz, y entrega
el cuerpo al fondo, a la corriente el manto.

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