Interpoetica - Luis de Góngora

Luis de Góngora

Sonetos 

Oh piadosa pared, merecedora
de que el tiempo os reserve de sus daños,
pues sois tela do justan mis engaños
con el fiero desdén de mi señora,

cubra essas nobles faltas desde ahora,
no estofa humilde de flamencos paños
(do el tiempo puede más), sino, en mil años,
verde tapiz de yedra vividora;

y vos, aunque pequeño, fiel resquicio
(porque del carro del cruel destino
no pendam mis amores por trofeos),

ya que secreto, sedme más propricio
que aquel que fue en la gran ciudad de Nino 
barco de vistas, puente de deseos.

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Rey de los otros, río caudoloso, 
que en fama claro, en ondas cristalino
tosca guirnalda de robusto pino
ciñe tu frente, tu cabello undoso,

pues dejando tu nido cavernoso
de Segura en el monte más vecino
por el suelo andaluz tu real camino
tuerces soberbio, raudo y espumoso,

a mí, que de tus fértiles orillas
piso, aunque ilustremente enamorado,
tu noble arena con humilde planta,

dime si entre las rubias pastorcillas
has visto, que en tus aguas se han mirado,
beldad cual la de Clori, o gracia tanta.

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Sobre dos urnas de cristal labradas, 
de vidrio en pedestales sostenidas, 
Ilorando están dos Ninfas ya sin vidas
el Betis en sus húmidas moradas, 

tanto por su hermosura dél amadas, 
que, aunque las demás Ninfas doloridas
se muestran, de su tierno fin sentidas, 
él, derramando lágrimas cansadas:

"Almas, les dice, vuestro vuelo santo
seguir pienso hasta aquesos sacros nidos,
do el bien se goza sin temer contrario;

que, vista esa belleza y mi gran llanto,
por el cielo seremos convertidos,
en Géminis vosotras, yo en Acuario."

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Al tramontar del sol, la ninfa mía,
de flores despojando el verde llano,
cuantas troncaba la hermosa mano,
tantas el blanco pie crecer hacía.

Ondeáble el viento que corría
el oro fino con erros galano,
cual verde hoja de álamo lozano
se mueve al rojo despuntar del día;

mas luego que ciñó sus sienes bellas
de los varios despojos de su falda
(término puesto al oro y a la nieve),

juraré que lució más su guirnalda
con ser de flores, la otra ser de estrellas, 
que la que ilustra el cielo en luces nueve.

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¡Oh claro honor del líquido elemento
dulce arroyuelo de corriente plata
cuya agua entre la yerba se dilata
con regalado son, con paso lento¡;

pues la por qien helar y arder me siento
(mientras en ti se mira), Amor retrata
de su rostro la nieve y la escarlata
en tu tranquilo y blanco movimiento,

vete como te vas; no dejes floja 
la undosa riende al cristalino freno
con que gobiernas tu veloz corriente;

que no es bien que confusamente acoja
tanta belleza en su profundo seno
el gran Señor del húmido tridente.

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Aunque a rocas de fe ligada vez
con lazos de oro la hermosa nave
mientras en calma humilde, en paz süave
sereno el mar la vista lisonjea,

y aunque el céfiro esté (porque le crea),
tasando el viento que en las velas cabe, 
y el fin dichoso del camino grave
en el aspecto celestial se lea,

he visto blanquëando las arenas
de tantos nunca sepultados huesos
que el mar de Amor tuvieron por seguro

que dél no fío si sus flujos gruesos 
con el timón o con la voz no enfrenas
¡oh dulce Arión, oh sabio Palinuro¡

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En Una enfermedad de don antonio de Pazos, Obispo de Cordoba

Deste más que la nieve blanco toro,
robusto honor de la vacada mía,
y destas aves dos, que al nuevo día
saludaban ayer con dulce lloro.

a ti, el más rubio Dios del alto coro,
de sus entrañas hago ofrenda pía,
sobre este fuego, que vencido envía
su humo al ámbar y su llama al oro,

porque a tanta salud sea reducido
el nuestro sacro y docto pastor rico,
que aun los que por nacer están le vean,

ya que de tres coronas no ceñido,
al menos mayoral del Tajo, y sean
grana el gabán, armiños el pellico.

De San Lorenzo el Real del Escurial

Sacros, altos, dorados capiteles,
que a las nubles borráis sus arreboles,
Febo os teme por más lucientes soles,
y el cielo por gigantes más crüeles. 

Depón tus rayos, Júpiter; no celes
los tuyos, Sol; de un templo son faroles,
que al mayor mártir de los españoles 
erigió el mayor rey de los fïeles. 

Religiosa grandeza del Monarca 
cuya diestra real al Nuevo Mundo
abrevia, y el Oriente se le humilla.

Perdone el tiempo, lisonjee la Parca
la beldad desta Octava Maravilla,
los años deste Salomón Segundo.

Sonetos 

Raya, dorado Sol, orna y colora
del alto monte la lozana cumbre,
sigue con agradable mansedumbre
el rojo paso de la blanca Aurora;

suelta las riendas a Favonio y Flora,
y usando al esparcir tu nueva lumbre
tu generoso oficio y real costumbre,
el mar argenta, las campañas dora,

para que de esta vega el campo raso
borde saliendo Flérida de floras;
mas si no hubiere de salir acaso.

ni el monte rayes, ornes, ni colores,
ni sigas de la Aurora el rojo paso,
ni el mar argentes, ni los campos dores.

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Cual pareces al romper de la mañana
aljófar blanco sobre frescas rosas,
o cual por manos hecha, artificiosas,
bordaduras de perlas sobre grana,

tales de mi pastora soberana
parecían las lágrimas hermosas
sobre las dos mejillas milagrosas,
de quien mezcladas leche y sangre mana,

lanzando a vueltas de su tierno llanto 
un ardiente suspiro de su pecho,
tal que el más duro canto enterneciera :

si enternecer bastara un duro canto,
mirad qué habrá con un corazón hecho,
que al llanto y al suspiro fue de cera.

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Ya besando unas manos cristalinas,
ya anudándome a um blanco y liso cuello,
ya esparciendo por él aquel cabello
que Amor sacó entre el oro de sus minas, 

ya quebrando en aquellas perlas finas
palabras dulces mil sin merecello, 
ya cogiendo de cada labio bello 
purpúreas rosas sin temor de espinas

estaba, oh claro Sol invidïoso,
cuando tu luz hiriéndome los ojos,
mató mi gloria y acabó mi suerte.

si el cielo ya no es menos poderoso,
porque no den los tuyos más enojos,
rayos, como a tu hijo, te den muerte. 

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Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido el Sol relumbra en vanno,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente al lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozanno
de el luciente cristal tu gentil cuello ;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente

no sólo en plata o víola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

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Ni en este monte, este aire, ni este río
corre fiera, vuela ave, pece nada, 
de quien con atención no sea escuchada
la triste voz del triste llanto mío;

y aunque en la fuerza sea de el estío
al viento mi querella encomendada, 
cuando a cada cual de ellos más le agrada
fresca cueva, árbol verde, arroyo frío,

a compasión movidos de mi llanto, 
dejan la sombra, el ramo y la hondura,
cual ya por escuchar el dulce canto

de aquel que, de Strimón en la espesura,
los suspendía cien mil veces. ¡Tanto
puede mi mal, y pudo su dulzura¡

Culto Juradi, si mi bella dama,
- en cuyo generoso mortal manto
arde, como en cristal de templo santo,
de un limpio amor la más ilustre llama -

tu Musa inspira, vivirá tu fama
sin invidiar tu noble patria a Manto,
y ornarte ha, en premio de tu dulce canto
no de verde laurel caduca rama,

sino de estrellas inmortal corona.
Haga, pues, tu dulcísimo instrumento
bellos efectos, pues la causa es bella;

que no habrá piedra, planta, ni persona,
que suspensa no siga el tierno acento,
siendo tuya la voz, y el canto de ella.

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La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas distilado
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida.

amantes no toquéis si queréis vida:
porque entre un labio y otro colorado 
Amor está de su veneno armado
cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas, que a la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cay eron del purpúreo seno:

manzanas son de Tántalo, y no rosas,
que después huyen de el que incitan ahora,
y sólo de el Amor queda el veneno.

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Varia imaginación, que en mil intentos,
a pesar gastas de tu triste dueño
la dulce munición del blanco sueño,
alimentando vanos pensamientos,

pues traes los espíritus atentos
sólo a representarme el grave ceño
de el rostro dulcemente zahareño 
(gloriosa suspensión de mis tormentos),

el sueño (autor de representaciones),
en su teatro, sobre el viento armado,
sombras suele vestir el bulto bello.

Siguele; mostraráte el rostro amado, 
y engañarán en rato tus pasiones 
dos bienes, que séram dormir y vello.

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